No es fácil vernos reflejados en los demás cuando ellos no nos gustan. Identificarnos con ellos, ver nuestros defectos a través de sus acciones a mayor o menor escala duele, incomoda, decepciona.

Hemos tenido tiempo de sobra este año para enojarnos con nosotros, con los demás, con los mandatarios, con el mundo. Nos cuesta mucho reconocer que toda esa inconformidad, frustración e indignación en forma de rabia no está dirigida a los demás sino a nosotros mismos. Si en el silencio de nuestra intimidad observáramos con atención que la impuntualidad del otro es la misma mía, que yo también irrespeto a los demás como me molesta que ellos lo hagan conmigo, que sus manipulaciones son también las mías pero manifestadas de otras formas, que también como ellos me victimizo y por eso me enfurece verlos hacer lo mismo, si nos diéramos cuenta de que nos molestamos con ellos porque nosotros reaccionamos también de la misma manera y odiamos parecernos a ellos, hasta les pagaríamos por hacernos el favor de mostrarnos como realmente somos. Porque a través de ese reflejo o de nuestras relaciones con ellos podemos darnos cuenta de lo que necesitamos cambiar para que nuestras experiencias de vida sean diferentes, transformarnos en algo mejor y lograr así que nuestro aporte en este mundo sea compartir lo bello  que hay en nosotros, no nuestra supuesta miseria.

Nos merecemos algo mejor que vivir estableciendo relaciones mediocres basadas en la necesidad. Merecemos darnos cuenta algún día de que somos grandiosos sin que tengamos que hacer cosas extraordinarias para lograrlo y que lo extraordinario es que seamos capaces de mostrarnos como somos cuando nos desprendemos de nuestros prejuicios y miedos. Dicen que no se puede vivir sin miedo…yo digo que sí. No es fácil descubrirlo, aceptarlo y deshacerlo pero no es imposible. Al menos deberíamos darnos la oportunidad de intentarlo.

Hoy te invito a verte en los otros. Gary Renard en su libro “La desaparición del Universo” dice que “los demás son nosotros pero vestidos de ellos”. Es una forma de decir que solo porque veamos a las demás personas o las percibamos afuera de nosotros no significa que no estemos conectadas con ellas en algún nivel. Nos conecta nuestra mente que proviene del mismo lugar y tiene los mismos atributos y capacidades, nos diferencia el estado desde el cual procesamos nuestros pensamientos, nos diferencian nuestras experiencias de vida, las creencias con las que crecimos pero nuestra esencia es la misma, nuestro cuerpo funciona bajo los mismos principios y compartimos la vida.

No es tan difícil asimilar esto cuando los ojos a través de los cuales nos vemos reflejados son los de las personas que amamos. Es más fácil identificarnos con los que sentimos empatía porque nos gustan, nos atraen o estimulan de alguna forma los sentidos. Sin embargo; te has preguntado ¿qué nos acerca realmente a los otros, especialmente si queremos establecer una relación con ellos?. La maestra espiritual Judy Knight en el documental “¿What the bleep do we kow? dice que “NO nos enamoramos de las personas sino de la anticipación de las emociones que sentimos cuando estamos enamorados. Emociones a las que muchos terminamos siendo adictos”. O sea, nos gustan los que nos gustan porque vemos en ellos lo que aceptamos en nosotros y queremos relacionarnos con nuestra esencia a través de ellos y buscamos desesperadamente algo que se asome aunque sea lejanamente el amor con el que nosotros no logramos conectar. Pero ya estamos conectados, tenemos el mismo vínculo solo por ser parte de un todo. Nos necesitamos para sobrevivir, para sostenernos como seres vivientes, para mantener la especie, para crecer, para aprender, para trascender, para darle sentido a nuestra existencia.

Pero no logramos esa conexión total. Y seguiremos intentándolo hasta ser capaces de ver que “los otros son nosotros pero vestidos de ellos”, somos el aparentemente bueno y el aparente malo, somos el feo y el bonito, el santo y el delincuente y aunque te suene raro, somos el perro y el árbol también. Prueba hacer el ejercicio de ver a cualquier persona o ser viviente y reconocerte en él de la misma manera en que ves tu reflejo en el espejo. Obsérvate, compréndete y dale gracias en silencio a los demás por mostrarte que eres parte de una infinidad de posibilidades coexistiendo. ¿Has oído que nunca te relacionas con los demás sino contigo mismo? Se trata de esto que te estoy diciendo y es precisamente por eso que te sientes mejor contigo cuando eres amable con los demás. ¿Quieres probar?