TODA ENFERMEDAD TRAE CONSIGO SU PROPÓSITO Y SU APRENDIZAJE, LA MÍA SIN DUDA ME TRAJO AL MEJOR LUGAR EN EL QUE PODRÍA ESTAR HOY.

Mi primer síntoma fue ausencia de la menstruación sin una razón lógica, el segundo que recuerdo fue insomnio y el tercero la pérdida de pelo. Yo pensaba que estaba teniendo estrés y no les hice mucho caso, esos tres síntomas se presentaron en un período de 6 meses. Después aparecieron el dolor muscular (era tan fuerte que no soportaba que me tocaran porque me dolía, solo levantarme de la cama me costaba trabajo), el dolor de cabeza y los cambios abruptos y frecuentes en los estados de ánimo. Sumado a eso no quería tener contacto con las demás personas, las evitaba porque no me sentía cómoda y porque no tenía ánimo de entablar ninguna conversación.

Fue un período en el que me sentí demasiado cansada, muy débil y hacer cualquier cosa me representaba un gran esfuerzo. Un día después de presentar una emisión de noticias sentí como si mi cuerpo se hubiera apagado, ese día terminé en la enfermería del canal. La médica que me atendió  me hizo un chequeo general muy rápido, vio que estaba deshidratada y me dio una primera impresión: tenía los síntomas de fatiga crónica y fibromialgia pero debía corroborarlo con varios exámenes. Sin embargo; me advirtió que debía estar incapacitada por lo menos 15 días que yo uní con unas vacaciones pendientes y me desvinculé del trabajo por un mes y medio.

Como lo entiendo a la fatiga crónica, es como si se dañara el tanque de abastecimiento de gasolina de tu cuerpo y tus órganos dejaran de funcionar lentamente o como si funcionaran mal. En mi caso, mi condición ya había causado cálculos en los riñones, colesterol y triglicéridos altos y la tiorides ya no funcionaba. La fibromialgia me había causado contracturas musculares y el sistema nervioso según el psiquiatra tenía un corto circuito, eso me causó depresión, ansiedad y fobia social (¿recuerdan que le huía a la gente y no quería hablar con nadie?). El tratamiento incluía comer sano cada cuatro horas en pequeñas porciones, dormir mínimo 8 horas durante la noche con la habitación totalmente oscura sin aparatos eléctricos conectados, recibir masajes para deshacer los nudos en los músculos, hacer estiramientos de yoga, meditación de relajación antes de ir a dormir, tomar medicamentos para la depresión y oligoelementos para darle a mi cuerpo las vitaminas y minerales que él debía producir pero que no era capaz. A los 6 meses había dejado los medicamentos y me sentía mucho mejor pero recuperarme del todo me tomó 3 años.

Después de los primeros 6 meses de recuperación empecé a darme cuenta de que había estado agrediendo a mi cuerpo, mi mente y mi espíritu durante por lo menos los 8 años anteriores. Las enfermedades que acabo de describirles duraron todo ese tiempo evolucionando lentamente hasta que aparecieron los primeros síntomas que yo ignoré.
Parte del tratamiento que me sirvió para recuperarme se convirtió en hábitos de vida como la meditación, el ejercicio y la buena alimentación,  mi médica se encargó de enfatizarme lo suficiente en que si yo los dejaba, todas esas enfermedades podían volver a aparecer. No solo esos buenos hábitos quedaron en mí, sino unas cuantas lecciones que quiero compartir contigo en este artículo, tanto si estás enfermo como si no.

1.- No tengo que demostrarle a nadie que soy buena (profesional, persona, mujer o mamá) es más, no tengo que demostrármelo a mi y mucho menos sobrecargarme de trabajo, de funciones o echarme encima los problemas de otras personas.

2.- Nadie es indispensable por muy bueno que sea, nunca, en ningún trabajo. Porque una las razones por las que yo me esforzaba tanto y descansaba poco era para obligarme a mostrar laboralmente que yo era muy capaz pero eso fue lo que terminó enfermándome y por eso me incapacitaron.

3.- Que el cuerpo resiente absolutamente todo, las emociones, los conflictos emocionales, la falta de autocuidado. Todo el cuerpo recibe la información que le envía la mente. Yo obviamente estaba estresada pero también afectada por esa sobrecarga que yo misma me había impuesto y mi cuerpo me lo está mostrando de todas las formas posibles a través de los síntomas físicos. Me estaba diciendo que parara, que me pusiera atención, que me estaba agrediendo. Así que hay que escuchar al cuerpo cuando quiere comunicarnos algo que no hemos querido oír a través de nuestras emociones.

4.- Me di cuenta de que hay muchas herramientas en la medicina tradicional que te pueden ayudar a superar crisis cómo estas pero que también pueden ser acompañadas con otras técnicas alternativas responsables que funcionan de maravilla.

5.- No podemos esperar a llenarnos de síntomas para ir al médico o para  buscar ayuda.

Pero sobre todo, no puedo olvidar mirar siempre hacia mi interior porque a pesar de que tenga las herramientas físicas, emocionales y médicas para conocer mi cuerpo y ayudarlo a recuperarse, necesito las herramientas espirituales que me fortalecen y que sin duda fueron las que me trajeron hasta aquí, a este camino, en el que puedo compartir contigo todo lo que he aprendido esperando que pueda ser útil para ti también. Un abrazo!