Cómo cuando entrenamos un deporte, podemos aprender a anticiparnos a las consecuencias de nuestros actos si sabemos escuchar nuestro corazón.  No se trata de desconectarnos del presente y viajar al futuro sino de precisamente conectarnos ahora de manera conscientemente con lo que realmente nos dice nuestro interior que nos conviene, no con lo que queremos que pase.

Y el corazón (yo lo llamo intuición porque no lo asocio con un músculo sino con el lugar mental en el que me conecto con mi ser interior que es el que habita mi cuerpo) nos habla de muchas maneras. Muchos las llaman señales, otros mensajes divinos, otros claridad, un viejo amigo le tenía un llamado de alerta cada vez que aparecía: “me salta la tripa”. Le decía así porque sentía como un apretón en las entrañas, una especie de aviso premonitorio cada vez que se estaba metiendo por el camino equivocado en cualquier sentido de su vida y él no se había dado cuenta.

Así que ese acto de anticipación es como tener la certeza de que “por ahí no es” aunque no necesariamente se sepa por qué. Es un poco el resultado de recordar las experiencias vividas con el fin de no repetir las desagradables, revivir los dolores y conectarse con el miedo a volverse a equivocar pero yo creo que hay mucho de lecciones aprendidas y de saber escuchar la guía divina (que se presenta de muchas maneras, repito) también. Es saber identificar el límite de mis deseos y de lo que en realidad me conviene.

Hacerle caso a esa intuición, a esa voz interior es una decisión de cada uno, a veces aunque sabemos que vamos por el camino equivocado de todas maneras “echamos” por ahí pero es parte del proceso de aprender. Y cada uno necesita sus propias experiencias en el arte del dominio de su propio Ser que además, curiosamente se obtiene soltando. Pero estamos viviendo para eso. Cada uno a su manera y a su ritmo.

Yo aprendí a hacerle más caso a esa voz cuando “me salta la tripa” si me siento intranquila, si me siento incómoda antes de tomar una decisión. Por más que me cueste ya sé que ese aviso nunca falla y sé que debo tomar una vía distinta a la que me hace sentir así. Aprendí a sostenerme en lo que mi intuición me dice cuando otras personas insisten en otra alternativa (aunque lo hagan con buena intención) y aprendí a confiar en que por el camino me daré cuenta de que por ahí sí era y siempre es así.

Tú también recibes esas señales de tu corazón y este es mi objetivo al escribirte hoy, recordarte que ahí están y que puedes escucharlas, tú puedes ser firme con lo que él te guía, te vas a dar cuenta de que el corazón ( la intuición ) nunca falla.