¡Confía! ¡Confía! ¡confía!  Es la palabra que escucho en mi mente con más insistencia cuando pierdo la fe. Es un recordatorio que yo me dejé alguna vez y aparece cuando se activa mi botón de pánico.

He aprendido que la confianza es la certeza de que las cosas saldrán bien. Aunque todo se esté derrumbando a tu alrededor. Sabes que adentro tienes la fuerza para levantarte y seguir adelante las veces que sea necesario aunque duela caerse porque sabes qué hay algo o alguien que no conoces pero que sientes a tu lado siempre, una fuerza poderosa que te sostiene.  Y si pasa algo que no querías, que no esperabas o que no te gusta, es porque no solo era inevitable sino necesario. Vivo gracias a esa certeza y es la fuerza que me sostiene cuando debo hacer cambios trascendentales en mí. Hace 4 años la tuve cuando después de haberme dedicado a un oficio por 18 años no sabía para dónde iba pero sabía que tenía que hacer un giro en mi vida y tenía claro por qué. En ese momento el impulso de mi corazón y esa fuerza fueron suficientes para sostenerme y esa misma fuerza me trajo hasta aquí a hacer lo que hago hoy. No ha sido fácil recorrer un nuevo camino desde cero pero ha valido la pena y nunca he estado sola. Cuando me vuelvo a asustar vuelvo a escuchar esa voz en mi cabeza y confío.

Confía. Nunca las cosas son tan malas ni estás totalmente solo ni todo está totalmente perdido ni el dolor te mata y nada es estático en este mundo. Y si sientes que no puedes con lo que sea que estás viviendo: ¡ríndete! deja de luchar y por un momento para. Silencia un poco tu mente y confía. Como si caminaras a ciegas completamente seguro de que una mano invisible te lleva y te está mostrando el camino; pero debes dejarte conducir.

Aquí te dejo un pequeño vídeo que te ayudará a conectarte contigo mismo