Nuestro Planeta Siente Nunca me enseñaron a cuidar la tierra. Lo digo sin vergüenza pero con afán. Porque en mi casa, en mi colegio nadie me habló de cuidar la naturaleza, ni de las miles de formas en las que la maltratamos.

Con afán porque hay que desaprender hábitos y aprender unos nuevos rápidamente. Viendo a mi alrededor me doy cuenta de que no soy la única que creció ignorante sobre el cuidado del medio ambiente. ¡Nos está cogiendo la tarde! para parar y rectificar los daños que hemos causado.

A medida que maduro he ido aprendido que yo soy algo más que “tripas”, que en mi interior existe todo un ecosistema que se conecta entre sí y que además está conectado con todo lo que está más allá de los límites de mi cuerpo.

Pero lo que más me ha sorprendido y me ha ayudado a entenderme a comprender el mundo en el que vivo es saber que hay energía presente en todo lo que existe y el planeta no es la excepción. Poco a poco voy ampliando mi comprensión sobre él.

No sé cómo se nos ha ocurrido durante miles, millones de años que podemos habitar un espacio, al que le quitamos más de lo que le devolvemos y que eso no va a tener ninguna repercusión en todo el ecosistema.

sé consciente

Esta nueva generación me ha enseñado sobre la importancia de tareas tan simples como reciclar, de economizar recursos que hasta ahora son renovables y sobre la enorme diferencia que hay entre los distintos materiales que usamos para todos nuestros procesos y sus efectos en la naturaleza.

Mientras tanto yo voy entendiendo también que mi planeta funciona como yo. Cuando se siente triste llora, cuando está feliz se ríe y no le gusta que lo maltraten. Es un ser vivo que merece ser tratado con respeto y gratitud. Recibe todas nuestras energías, las transmuta, las renueva y después nos devuelve más recursos para que sigamos subsistiendo. No deberíamos abusar de él. Nuestro Planeta Siente

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