NUESTRA MENTE ESTÁ DESEQUILIBRADA

NUESTRA MENTE ESTÁ DESEQUILIBRADA

Todos de alguna manera lo estamos un poco. Por simple deducción. Si somos una sociedad desequilibrada y cada uno de nosotros compone esta sociedad, no podríamos estar excluidos. El problema no es que lo seamos sino que no nos damos cuenta a pesar de las pruebas tan contundentes que se presentan ante nosotros diariamente. 

Durante muchos años me senté enfrente de una cámara no solamente a leer un teleprompter, sino con la esperanza de que nos diéramos cuenta a través de las noticias de que necesitábamos hacer cambios urgentes, antes de acabar destruyéndonos. Pero los medios solo informan y su servicio llega hasta ahí, el cambio de conciencia debe ser individual.

He aprendido que esos cambios además deben realizarse donde está el origen de los problemas: nuestros pensamientos destructivos y  nuestras emociones des balanceadas como consecuencia de los mismos. 

No somos conscientes.

Hemos tergiversado desde el valor que tienen las personas y las cosas hasta el significado de nuestras vidas. Normalizamos actos que atentan contra nosotros como seres vivientes o contra la dignidad de las personas, convertimos la falta de respeto en una manera “bacana” de tratar a los demás y de expresarnos pero, sobre todo seguimos mirando hacia afuera creyendo que como no somos nosotros los corruptos o violadores de niños, entonces no tenemos nada que ver con esta crisis que hay afuera en el mundo que nos muestran los noticieros, nuestra mente esta desequilibrada.

Y mientras tanto…

Nos indignamos frente a los hechos cometidos por otros, (seguramente ante la impotencia de no saber qué hacer para remediarlo o evitarlo) pero de ahí no pasamos. Lanzamos la crítica y seguimos viviendo en nuestro mundo en el que todo está bien porque “aquí en mi mundo no se viola, no se discrimina, no se irrespeta, no se miente, no se roba, no se engaña, no se matonea a nadie”. Luego ocurre otro acto “demencial” afuera y otra vez salimos a protestar indignados porque los demás están muy mal y son los tienen que cambiar. 

Analicemos…

Lo que no hemos analizado con calma es que las grandes consecuencias afuera son el producto de pensamientos aparentemente insignificantes y ocultos en nosotros. Cómo nadie los conoce, creemos que no causan efecto en el mundo. Pero cada acto que ejecutamos proviene de un pensamiento y por eso también tenemos un mínimo grado de responsabilidad en lo que rechazamos, criticamos o dejamos pasar porque nuestra mente esta desequilibrada inconscientemente. Nos haría bien entrenar nuestra capacidad de autoevaluación. Por ejemplo, no robamos recursos públicos, pero le hacemos trampa a los impuestos. Rechazamos el trabajo sexual en silencio pero algunos lo pagamos, otros lo consentimos y otros (hombres y mujeres) nos casamos para intercambiar sexo por estabilidad económica.

No violamos niños, pero tampoco los vigilamos y protegemos lo suficiente y mucho menos denunciamos actos de personas particulares o públicas que tienen comportamientos sospechosos. Porque cada violador ha tenido a su lado a una persona que reconoció que él o ella podría hacerle daño a alguien, pero no hizo nada para evitarlo. Cada persona con un problema interior, emite las señales de su mente enferma o de sus emociones des balanceadas o mal manejadas y todos deberíamos ser capaces de leerlas, ponerles atención y actuar a tiempo. 

Lanzo dos preguntas antes de terminar mi reflexión:

¿Dónde quedan los procesos de selección de los funcionarios en las instituciones para reconocer si esas personas están equilibradas mental o emocionalmente, donde queda el control, donde están las áreas de recursos humanos, dónde están esos compañeros que sabían que algún día esa o esas personas serían capaces de cometer un delito pero no los denunciaron a tiempo? Y ¿Si existen organismos de control y se supone que todos somos veedores de los comportamientos de otros, por qué no colaboramos a esos organismos denunciando o exigiendo con acciones jurídicas claras, que las instituciones hagan procesos de atención psicológica periódica adecuada a los encargados de velar por nuestra seguridad? Nos da pereza. Mejor que lo hagan otros.

Es más fácil quejarnos por una semana y luego seguir con nuestras vidas hasta que algo similar ocurran nos volvamos a indignar.

Es posible que tampoco nos importe tanto la vida de los otros como decimos. No sabemos nada de las personas que dejan sus comunidades indígenas y vienen a nuestras calles a pedir comida ( tal vez ni siquiera los miramos cuando pasamos a su lado), solo merecen nuestra condolencia si sufren algo muy atroz porque esa condolencia nos lava un poco la culpa de no hacer nada por ellos como individuos que también forman parte de esa sociedad, como nosotros. Nuestra mente esta desequilibrada y desconocemos la vida de las personas que viven en zonas de conflicto y de pronto no queremos saberlo tampoco. Es más fácil indignarnos que tomarnos el trabajo de hacer algo por ellos. 

Nuestra responsabilidad

Somos tan responsables los que cometen actos inaceptables, aberrantes, inhumanos como los que los permitimos con nuestro silencio y nuestra indiferencia e indignarnos no va a cambiar las cosas como tampoco las cambia evidenciarlas en una red social o en un noticiero si cada uno de nosotros además de hacerlo revisa los pensamientos que tiene, las palabras que dice, las actitudes que fomenta, los comportamientos que permite. Y me incluyo, siempre me incluyo y también me hago responsable. 

Qué bueno, hay que decirlo, que ya no estemos permitiendo más actos inaceptables, demenciales, discriminatorios o violentos pero mi invitación a que nos preguntemos si los nuestros, por muy inofensivos que parezcan, también tienen efectos nocivos sobre los demás.

Podríamos empezar por pedir perdón también nosotros por no cuidar suficiente a nuestros niños, por no denunciar o parar a tiempo comportamientos  abusivos, por no trabajar lo suficiente en establecer las herramientas como sociedad para re socializar a los que se equivocan o rehabilitar a los que tienen la mente enferma, por la indiferencia, por tantas cosas que solo nuestras conciencias saben. 

 Sería muy útil, pienso yo que además de indignarnos intentáramos cambiar nosotros antes de esperar que todo y todos cambien primero allá afuera. Nos guste o no somos parte de esas personas que tienen la mente desequilibrada, des balanceada y nosotros elegimos en cuál lado de la balanza hacemos contra peso. Gracias por leerme, un abrazo! 

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