Una cosa es la función de tu pareja en tu vida, otra muy diferente es para qué la dejas entrar tú.
Hace muchos años tuve una decepción amorosa por una infidelidad. Cuando llamé por teléfono llorando a una amiga quejándome del engaño de mi novio ella me preguntó si nosotros habíamos pactado que nuestra relación fuera abierta.
  • ¿Qué?!…¡No!
  • Ella repitió la pregunta: ¿Acordaron que nunca iban a salir con nadie más?.
  • ¿Eso se tiene que acordar?, le pregunté yo.

Esa conversación me dejó claro en ese momento que si tenía una pareja no debía suponer que esa persona se comportara como yo lo haría o cómo yo creía que debería hacerlo. Procuré tener en cuenta que hay temas que se deben acordar, establecer o dejar claros desde el principio y sin embargo, pensé que si quería evitar una decepción más era mejor tener claro que cualquier cualquier pacto era susceptible de romperse porque las emociones y los impulsos físicos son impredecibles y muchas veces incontrolables.

Con el tiempo he ido entendiendo que construí ese mecanismo de defensa porque si hay algo que no tiene garantías en este mundo es una relación de pareja. ¡Ojo! Dije “una relación de pareja”, no dije “el amor”. En ocasiones entramos en las relaciones con expectativas, con necesidades, con intereses debajo de la mesa pero las personas no entran en nuestras vidas para darnos algo que es solo nuestra responsabilidad proporcionarnos: la felicidad, la estabilidad emocional, la paz interior. En el mejor de los casos ellas llegan a compartir con nosotros sus alegrías y tristezas, aciertos y equivocaciones, su idea de lo que es el amor y sus propios miedos. En el peor de los casos vienen a mostrarnos qué necesitamos conocer de nosotros para hacer el trabajo interior necesario que nos ayude a ser mejores personas, vienen a facilitar que nos aceptemos y a enseñarnos a perdonar.

He aprendido de a poco que hay algo que sí tiene garantía y es el amor. Ese va más allá de los contratos de exclusividad porque se basa en la libertad. Es tan real que comprende que en este mundo físico las circunstancias varían constantemente y que nosotros también formamos parte de él y por eso no espera nada, solo da, valora cada instante porque no hay nada seguro y no pone condiciones ni cargas a los demás que a ellos no les corresponden. No se sacrifica ni pide sacrificios. A pesar de que llevo muchos años escuchando esta verdad acerca del amor muy pocas veces he podido ponerla en práctica de verdad porque por muy lógica que parezca, todo lo que me han enseñado al respecto se contradice completamente con ella. Sin embargo, sé de la paz que se puede experimentar y se puede ofrecer a los demás a través de ella. Para mi esa es la señal de que lo que estoy sintiendo es amor, si lo que siento y cómo partir eso que siento me proporciona paz.

Alguien me preguntó hace poco en una red social si yo podía darle una sugerencia de cómo olvidar a una persona que has amado mucho y te ha hecho mucho daño. No se si me equivoco o no pero basándome en todo lo que acabo de escribir anteriormente la repuesta que le di fue esta misma conclusión: podrías elegir asumir que tal vez llegaste a la vida de esa persona solo a mostrarle algo que necesitaba cambiar y esa persona llegó a ti para enseñarte qué es el perdón. Si eso te hace sentir en paz entonces querer olvidarlo va a dejar de ser tu preocupación.